¿Es posible vivir sin trabajar? El sueño de muchas personas es vivir de las ganancias que generan sus inversiones. Eso sí, conseguirlo no es fácil; pero tampoco es imposible. La clave está en la relación entre la cantidad de dinero que seas capaz de ahorrar y la rentabilidad que obtengas por él.
Para que lo entiendas mejor, no es lo mismo tener 100.000 euros que 500.000 euros. En el primer caso, necesitarás una rentabilidad del 10% para generar 10.000 euros anuales. En el segundo, te bastará con un 2%. ¿Ves la diferencia? En las siguientes líneas descubrirás cuánto capital necesitas para vivir de los intereses de tus inversiones.
¿Qué cantidad se necesita para vivir de intereses?
Aunque parezca difícil, es posible vivir de las rentas (sin trabajar). La forma de conseguirlo es creando un sistema de ingresos pasivos.
Para poder vivir de la rentabilidad generada necesitas una cantidad de dinero suficiente para que los intereses o dividendos sean de una cantidad que te lo permita; y la realidad es que no existe una cifra contreta concreta, pues dependerá del estilo de vida que quieras mantener.
En este sentido, hay una regla muy clara: cuánto más gastes, más necesitarás para mantener tu nivel de vida. Traducido a vivir de los intereses, esto implica que cuantos más gastos tengas, más capital necesitarás tener y/o mayor rentabilidad deberás exigir. Así de simple.
En definitiva, para calcular cuánto necesitas para vivir de los intereses tendrás que jugar con un total de tres cifras:
- Capital.
- Intereses (rentabilidad).
- Tiempo.
Por ejemplo, si quieres tener 20.000 euros de ingresos extra todos los años, estimando que la rentabilidad media de las inversiones es del 6%, necesitarás cerca de 330.330 euros para generarlas (sin contar impuestos).
Hay que tener en cuenta que, conforme pase el tiempo y llegado a una edad, ya no necesitarás tanto dinero como capital de la inversión para vivir de las rentas. La razón es simple, serás el más rico del cementerio; tienes que pensar que el dinero ahorrado también puedes utilizarlo.
La clave es ir retirando parte del capital que has ido ahorrando durante varios años de forma que este dure lo suficiente. Eso implica tener una estrategia de retirada que optimice el dinero que necesitas, como, por ejemplo, la regla del 4%.
La cuestión es realizar un cálculo para determinar cuánto durará el dinero dependiendo de la cantidad que se retire cada año y será muy útil para calcular cuánto se necesita al jubilarse.
¿Y qué rentabilidad necesitas?
Si quieres generar un salario de 30.000 euros al año, una de las claves es que la fuente de ingresos sea estable. Es decir, que el capital que genera intereses no varíe enormemente. Esto implica invertir de forma más o menos conservadora o no demasiado arriesgada.
Habrá que dejar fuera factores como la volatilidad, manteniendo altos niveles de rentabilidad de forma sostenida. Pese a todo, habrá que tener en cuenta cuestiones críticas, como comisiones e impuestos, que afectarán directamente a las ganancias.
De media, podría fijarse una rentabilidad anual del 8% para las inversiones, buscando la cantidad de 375.000 euros. Ese es el capital que es capaz de generar 30.000 euros brutos al año. Ahora bien, no te olvides del riesgo que estás dispuesto a asumir y la necesidad de que se trate de una inversión estable.
Cómo generar rentas e intereses de tus inversiones
Hay más de una forma de acumular capital para poder dejar de trabajar gracias a los intereses de tus inversiones. Estas son algunas de las estrategias de inversión.
Reinvertir los dividendos
La primera estrategia para invertir y generar rentas es crear una cartera de inversión de alto dividendo. De este modo, recibirás un dinero cada vez que las empresas en las que se invierta repartan sus beneficios, lo que lo transformará en una renta pasiva que puedes reinvertir (en esas acciones u otras que también repartan un buen dividendo).
Esta es la estrategia más sencilla y clásica, aunque tiene ciertos hándicaps, como los impuestos que tendrás que pagar al recibir la renta (Hacienda aplica una retención del 19%).
Además, no tienes el control del dividendo que reparten las empresas. Es decir, que puedes recibir menos dinero de lo que pensabas.
Estrategia DCA (Dollar Cost Averaging)
El segundo método o estrategia es acumular una cantidad de dinero que luego se empleará al dejar de trabajar. De forma resumida, consiste en invertir a largo plazo para conseguir un patrimonio suficiente que se irá consumiendo poco a poco llegado el momento.
Para ello, se tiene que ir ahorrando poco a poco; y el mejor método consiste en realizar inversiones periódicas de una cantidad similar. En esto consiste la estrategia DCA.
Es decir, escoges un vehículo de inversión a largo plazo, puede ser un fondo de inversión, un robo advisor, un plan de pensiones e incluso puedes invertir directamente en acciones.
Después, se trata de aportar a una cantidad fija cada mes. De este modo, irás aumentando el capital y, a su vez, este irá generando más rendimientos.
Esta fórmula tiene un mejor tratamiento fiscal, pero el handicap de que tendrás que pensar una estrategia de desinversión, como puede ser la regla del 4%. Según ese cálculo, es posible retirar un 4% para alargar el dinero acumulado hasta 25 años o más dependiendo de cómo lo inviertas.
Además, debes tener en cuenta que las comisiones varían según el producto de inversión escogido. Si inviertes a largo plazo para generar un patrimonio que te permita dejar de trabajar, cuanto menor sea el impacto de las comisiones, mejor.
Aquí es donde existen grandes diferencias entre fondos de gestión activa y los fondos indexados, con menores comisiones.
¿Cuánto se queda Hacienda?
Aunque todo dependerá de cada caso en particular, para una ganancia neta de 30.000 euros anuales, Hacienda se quedará con el 20,6% del capital, es decir, unos 6.180 euros. Si se desean 30.000 euros para gastos, habrá que incrementar el capital de partida o rentabilidad para cubrir esa diferencia.
Lo más habitual es que el rendimiento de tus intereses tribute dentro de las rentas del ahorro a los siguientes tipos:
- 19% para los primeros 6.000 €.
- 21% entre los 6.000 € y los 50.000 €.
- 23% entre los 50.000 € y los 200.000 €.
- 26% para más de 200.000 €




